Reseñas

Cada minuto seis mujeres son victimas de maltrato en Colombia

Remendando Alas Rotas”. Por la restitución de Derechos, Hagamos lo que nos corresponda.

Marta es una joven colombiana que vive en un pequeño municipio suroccidental del país, tiene 26 años y ha criado seis hijos. La mayor tiene doce años, la más pequeña dos. Los seis son fruto de la violencia sexual a que le ha sometido su padre durante más de una década.

Marta ya no vive como víctima y es la protagonista de una campaña que lanzarán a finales de mes las organizaciones de mujeres del Valle del Cauca y que llevará por título “Remendando Alas Rotas”. Por la restitución de Derechos, Hagamos lo que nos corresponda.

Por Helena Sala Bitrià

Durante ocho años, Marta vivió secuestrada en un sendero donde sólo pasaban algunos guerrilleros de vez en cuando. El miedo, la intimidación y la violencia de  su agresor eran su cotidianidad y la de sus hijos. Muchas veces pensó en matarlo, probó de envenenarlo tres veces y pensó en huir una infinidad de veces, pero no lo hizo porque él la había convencida de que sola no llegaría a ninguna parte. Ahora, Marta ya no vive como víctima y es la protagonista de una campaña que lanzarán a finales de mes las organizaciones de mujeres del Valle del Cauca y que llevará por título “Remendando Alas Rotas”. Por la restitución de Derechos, Hagamos lo que nos corresponda.

La violencia en cifras

Desgraciadamente, el caso de Marta no es un hecho aislado. Las mujeres colombianas, sobre todo en el ámbito rural, son muy vulnerables a las agresiones. Con motivo del 8 de marzo, se han hecho públicas algunas cifras. Los informes recopilados por el Centro de Información del Sistema de las Naciones Unidas (CINU) ponen de manifiesto que cada minuto seis mujeres son víctimas de algún tipo de maltrato en Colombia y tres son asesinadas cada mes. La media de agresiones intrafamiliares registradas fue de 150 casos diarios.

La violencia sexual asociada al conflicto armado es, como en todas las guerras, una de las vertientes más amargos del problema. Según la ONG  Intermón Oxfam, entre 2001 y 2009, casi medio millón de mujeres fueron víctimas directas de violencia sexual en 407 municipios donde hay  presencia de grupos armados. La alta comisionada de la ONU por los derechos humanos, Navy Pillay, también ha hecho sonar la alarma después de conocer varios casos de violencia sexual contra niños, principalmente niñas, protagonizados por los numerosos grupos criminales formados por paramilitares presuntamente desmovilizados y para miembros del ejército regular colombiano.

Feminicidios en Buenaventura

Buenaventura es el segundo puerto más importante de Colombia, situado en la costa Pacífica. Desgraciadamente, esto no se traduce en una dinamización de la economía productiva local y encontramos que es una de las poblaciones con unos índices de pobreza más altos. Las multinacionales que llegan al puerto con sus megaproyectos y las mafias del narcotráfico han favorecido una dinámica de violencia que se expresa en masacres, miseria, paro**, vinculación de la juventud a los grupos armados ilegales, drogadicción, introducción de niñas a la prostitución y desplazamientos forzados, entre otros.

Las mujeres son la población más vulnerable y las cifras son tan alarmantes que ya se habla de feminicidio. 65 mujeres han muerto asesinadas en el puerto durante los últimos tres años. El último caso que se conoció es el de dos adolescentes que fueron violadas, torturadas y asesinadas en casa de una de ellas, justamente el 8 de marzo. Las familias de las víctimas y las organizaciones de mujeres condenaron, en una audiencia pública realizada el 23 de marzo, la inacción de los cuerpos de orden público y de las instituciones ante esta situación tan dramática. Una de las asistentes explica que, durante la sesión, el fiscal tuvo el atrevimiento de decir al padre de una de las víctimas que su hija «estaba en el lugar equivocado».

Homicidios, desplazamientos y agresiones sexuales son prácticas graves y sistemáticas contra la mujer en medio del conflicto. Las cifras oficiales recogen sólo una parte de la realidad, ya que son muchos los casos en que este sufrimiento se vive en silencio y aisladamente. Así lo vivió Marta durante más de ocho años. Se puede decir que ella, a pesar del drama, ha sido afortunada, ya que su padre, el agresor, tuvo problemas allí donde vivían y se tuvieron que trasladar a otro municipio. Allí, el rumor de que ella era la hija del hombre con el que compartía cama circuló por el pueblo, más bien en un tono de chisme morboso. Fue Rosalba, una trabajadora municipal que venía de un entorno urbano, la primera que, al saberlo, se alarmó y se movilizó hasta que consiguió que Bienestar Familiar actuara y acompañó a Marta en un proceso que ha sido lento y duro. Una vez destapado su caso, Marta ha tenido que pasar por un calvario. Las pruebas de paternidad necesarias para denunciar al agresor tardaron ocho meses, durante los cuales tuvo que convivir con él, en una comunidad de 8.000 habitantes y recibiendo amenazas diarias. Entre otros dramas, le retiraron la custodia de los hijos y la fiscal del departamento reprochó a los policías del municipio su «excesivo interés en hacer seguimiento del caso», los medios de comunicación de masas pregonaron la noticia sin proteger su intimidad, hasta el punto que el chico que cantaba la prensa diaria paseó por todo el pueblo gritando «Mujer violada por el papá le Tiene Seis hijos».

Marta ha visitado todas las instituciones públicas que según la ley la han de ayudar, pero el camino ha estado lleno de trabas y los resultados han sido escasos. Hay rumores de que su agresor, que en todo este tiempo no ha dejado de amenazarla, puede salir de la cárcel el próximo mes. Ella tiene claro, sin embargo, que no vuelve atrás y que ya no se deja intimidar. Y sabe que hay gente que le cubre los hombros. Esto ha sido posible, sobre todo, gracias a su fuerza de voluntad, a la complicidad de un policía del municipio y al movimiento de mujeres del Valle del Cauca, que la han acompañado y le han convencido de que era posible salir del pozo.

Hoy en día, Marta ha recuperado a sus hijos, trabaja, estudia los fines de semana para sacarse el bachillerato, tiene una nueva pareja que la respeta, ayuda y desde que denunció a su agresor, ha recibido un abrazo por primera vez en la vida, por primera vez en la vida le han regalado flores; por primera vez en la vida, ha entrado en una peluquería, por primera vez en la vida, tiene ganas de amar y, de vez en tanto, por primera vez en la vida, consigue dejar de pensar que el mundo le quiere hacer daño y creer que ella es la soga de su verdugo.

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