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La Entraña de Florence

Un Abrazo sororo a la mujer que aborta

Finalizando el año 2010, Florence Thomas nos hizo un regalo bellísimo a todas las mujeres y a los hombres sensibles ante el misterio de la vida. Su libro Había que decirlo , en el que entrega con absoluta generosidad y sororidad, la historia de su aborto juvenil, en la Francia de 1965. Pocas veces la palabra testimonial logra tal grado de veracidad y de entraña, en el relato se convierte la expresión en hondura y el ritmo en respiración compartida entre quien escribe, mientras revive su dolor, angustia y soledad  y quienes leemos. Estamos ante un texto que conmueve por su belleza y que por tanto replantea nuestra ubicación en el mundo y nuestras verdades hechas o construidas con y en medio de la reflexión y la duda. Es un texto que se enfrenta con el núcleo vital de millones de mujeres en el mundo, por ello deconstruye y hace luz para construir nuevamente, de la mano de las mujeres que se han encontrado de frente con la raíz de la muerte y la vida.

Florence Thomas nos hizo un regalo bellísimo a todas las mujeres y a los hombres sensibles

Hace algunos años, escribí un texto que titulé: Un Abrazo sororo a la mujer que aborta , en el que empezaba pidiendo perdón por atreverme a hablar del aborto, una realidad ante la que estrictamente no podía decir nada por no haber tenido nunca que enfrentarme carnalmente con ella. Confirmo una vez más que del aborto no tenemos nada qué decir quienes miramos esta realidad desde fuera y mucho menos tienen nada que decir los varones que ejercen de jueces civiles o religiosos para determinar la eticidad o no de un acto en el que lo que está en juego es el destino mismo de una mujer, la mayoría de las veces víctima de esos mismos varones. En este texto yo intentaba plantear argumentos de tipo teológico y pastoral que tendrían que guiar la actitud de las diferentes iglesias ante las mujeres creyentes que deciden realizar la interrupción de su embarazo. Leyendo hoy a Florence, comprendo una vez más, que no se trata de argumentos de ningún tipo, se trata de acogida, de respeto, de unción ante los movimientos del amor, de la violencia, de la vida y la muerte. Movimientos que no se pueden comprender desde fuera, que sólo se pueden vivir en profunda comunicación, solidaridad y sororidad desde adentro.

El texto de Thomas, nos comparte en una primera parte, la angustia de una joven de 22 años, con sus hormonas llenas de fuerza y su corazón desbordante de amor y de sueños que se encuentra ante la realidad de una maternidad no buscada, no deseada e imposible. Ella misma nos dice:

No hay nada que contar. Todo se inscribe en el cuerpo, en la piel, en el subconsciente como un absceso que puede tomar años para reventar y que termina por instalarse en los meandros de la memoria…

Ninguna mujer planea hacerse un aborto, sólo llegan a él cuando no hay otra alternativa, es una situación inesperada y, lo sé, toman esta decisión con mucho dolor…

Es muy fácil para una sociedad totalmente descomprometida con la mujer y con la maternidad, afirmar supuestos deberes o condenar supuestos errores. Pero la realidad desnuda y escueta es que ese embrión instalado en sus entrañas, a la única vida que condiciona, el único cuerpo, el único destino que marca es el de la mujer que es esa entraña y no es posible, ni mucho menos justo permitir incidencias de nadie en la decisión tomada desde el fondo de un ser que no está jugando ni evadiendo, que sólo está aquilatando con mucha hondura lo que puede venir para ella y para esa futura vida que germina en su vientre.

Desde la angustia y desde lo más hondo de lo vivido, las palabras de la autora se convierten en una denuncia imbatible de la exclusión social y la pretendida condena moral que las sociedades y las iglesias occidentales, regidas siempre por la doble moral, hacen de las mujeres que se ven abocadas a la situación de interrumpir un embarazo. La autora entonces nos cuenta algunos casos de mujeres muy jóvenes que en Colombia, se han visto en situaciones traumáticas porque varias instituciones hospitalarias, se han negado a cumplir la  ley que permite en el país el aborto en determinadas circunstancias. De nuevo los hombres imponiendo su voluntad y sus criterios sobre la vida femenina. Estos casos, han llegado a La Mesa por la Vida y la Salud de las Mujeres,  de la que hace parte Florence y desde la que ayudan a jóvenes sin ningún tipo de apoyo, en sus viacrucis ante un Estado indolente.

Una de las cosas más significativas del discurso de Thomas, es el llamado a la iglesia católica, para que no continúe en su empeño de dominar la conciencia de las mujeres y entorpecer sus procesos de liberación y avance social. Es un contrasentido que varones supuestamente célibes quieran seguir imponiendo el derrotero que ha de seguir el cuerpo y la conciencia femenina, potencialmente madre.

El libro termina con dos textos muy bellos, que permiten complementar la visión y la argumentación. El primero de ellos, una ficción que parece responder a tantas representaciones en las que los fetos expresan su deseo de nacer… en este caso el embrión no quiere volverse feto y nos dice entre otras cosas lo siguiente:

Sí, el amor y solo el amor puede humanizarme; humaniza primero el óvulo, después el embrión y al final el feto portador de tantas promesas. Es este loco amor el único capaz de construirme un futuro que me permita sortear las condiciones del medio al cual me expondrás al final de tu embarazo. Hoy reconocemos la importancia de los fundamentos simbólicos para el desarrollo del ser humano y para proveer de dignidad la vida, esa vida que vale la pena vivir. Lo otro sería ubicarnos en una perspectiva exclusivamente biológica, casi animal, si reducimos la maternidad al producto de las hormonas y al instinto.

El segundo, las palabras de Simone Veil, ante el parlamento francés en 1975. Palabras que lograron la aprobación del aborto para todas las mujeres que lo deseen, sin ninguna traba, en Francia hace 40 años. Palabras vigentes para la Colombia de hoy, en la que varones intransigentes, que hacen de su religión particular un asunto y un atropello social, pretenden mutilar los derechos adquiridos por las mujeres en medio de luchas y dolores, avances y retrocesos.

Es importante señalar como estás palabras de Veil, se siguen cumpliendo hoy en nuestro país. Refiriéndose a las condiciones para el aborto aprobadas en ese momento en Francia, escuchamos:

En tales sistemas la autorización para practicar una interrupción del embarazo se da en la práctica en función de las concepciones personales de los médicos  o de las comisiones y serán las mujeres menos hábiles para encontrar al médico más comprensivo o la comisión más indulgente la que se encontrarían en una situación sin salida.

Nos queda agradecer nuevamente a Florence el que de una manera tan bella y consistente nos haya abierto su entraña y nos haya compartido parte de su destino, su conciencia, su cuerpo, sus búsquedas, su feminidad. Todo esto, como un aporte a la lucha por la vida, la salud y la dignidad de las mujeres en Colombia.

Carmiña Navia Velasco

Cali, Enero de 2010

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